26.06.08 - 23:40
El destino siempre te guiña el ojo. Y a España esta Eurocopa se lo llevaba guiñando desde el primer día. Desde esa goleada a Rusia con el «triple» de Villa. Después llegó la mueca del gol en la prolongación ante Suecia, otra vez de Villa. Y cuando Casillas le paró aquellos dos disparos a De Rossi y Di Natale y Cesc engañó a Buffon ya no quedaba ninguna duda de que este era el momento. Y lo era. ¡Vaya si lo era! ¡Y yaya si lo aprovechó España ayer con un partido perfecto, intachable de ejecución para meterse en la gran final!
Aunque no estemos acostumbrados a que las juegue España, las semifinales de estas competiciones de elite son normalmente así y hay que jugarlas así. Exactamente como la jugó España. Con cabeza, con confianza, con seguridad. Teniendo el corazón caliente y la cabeza fría. Controlando la situación hasta ver el momento de dar el paso al frente.
Comenzó la semifinal ni más ni menos que como había sido la del día anterior, y eso que Alemania se pasa la vida jugando esta clase de partidos. España y Rusia no tienen tanta experiencia, pero salieron aleccionados por la liturgia que se conoce aunque no se haya vivido y por dos técnicos veteranos que no querían que sus equipos se quedaran a remolque antes del descanso. España no sólo intentó imponer su estilo, tener el balón, jugarlo, sino que evitó que el partido se abriera, que fuera un ida y vuelta que no le beneficiaba en absoluto. Era mejor el fútbol control, asegurar el balón, incluso a costa de pecar de lentitud y de no tener profundidad.
No era un un día para medirse en carreras con los rusos, ni tampoco de ir al choque porque en esos lances los de Luis siempre tenían las de perder. Con el balón por montera, la selección se sentía protegida.Luis, muy activo, más que nunca, no paraba de dar órdenes desde su área técnica, casi desde la cal de la banda. A los once minutos ya mandó cambiarse a Iniesta y Silva de banda. Rusia tampoco quería perder su posición. Como no tenía el balón su estrella, Arshavin, entró muy poco en juego. Sus preferencias pasaban por los balones largos para un Pavlyuchenko que no se lo piensa. A la media hora justa hizo lucirse a Casillas.
Se lesionó Villa. Luis apostó por Cesc para suplirle. Se encontró entonces el seleccionador con el once que se presumía como titular un par de semanas antes de la Eurocopa y con ese 4-1-4-1 que tantos buenos resultados le había dado. Sentó bien al equipo la entrada de Cesc. Comenzó a mover el balón un poco más rápido y con un poco más de perpendicularidad hasta que llegó el descanso.
Y después también. Comenzaba a gustarse, a sentirse más cómoda la selección cuando, además, se encontró con el gol. Fue un centro, o un chut, o un centro chut en diagonal que cazó Xavi, que entraba al remate con decisión. ¡Goooool! Lo que necesitaba España para mostrarse en su máxima expresión. A partir de entonces y hasta el final España ofreció una auténtica exhibición futbolística. Extraordinario, sensacional. Apoteósico el segundo tiempo. Daba gusto ver triangular al equipo. Jugar al hueco. Buscar los espacios. Las ocasiones caían en cascada.
Luis repitió su doble cambio acostumbrado, pero esta vez junto con Güiza entró Xabi Alonso para colocarse al lado de Senna y fortalecer la posición de medio centro. Justo lo que necesitaba el equipo para terminar a lo grande. Con dos goles más y una sensación de equipo grande, de equipo finalista de la Eurocopa. Lo que es.
Comenzó la semifinal ni más ni menos que como había sido la del día anterior, y eso que Alemania se pasa la vida jugando esta clase de partidos. España y Rusia no tienen tanta experiencia, pero salieron aleccionados por la liturgia que se conoce aunque no se haya vivido y por dos técnicos veteranos que no querían que sus equipos se quedaran a remolque antes del descanso. España no sólo intentó imponer su estilo, tener el balón, jugarlo, sino que evitó que el partido se abriera, que fuera un ida y vuelta que no le beneficiaba en absoluto. Era mejor el fútbol control, asegurar el balón, incluso a costa de pecar de lentitud y de no tener profundidad.
No era un un día para medirse en carreras con los rusos, ni tampoco de ir al choque porque en esos lances los de Luis siempre tenían las de perder. Con el balón por montera, la selección se sentía protegida.Luis, muy activo, más que nunca, no paraba de dar órdenes desde su área técnica, casi desde la cal de la banda. A los once minutos ya mandó cambiarse a Iniesta y Silva de banda. Rusia tampoco quería perder su posición. Como no tenía el balón su estrella, Arshavin, entró muy poco en juego. Sus preferencias pasaban por los balones largos para un Pavlyuchenko que no se lo piensa. A la media hora justa hizo lucirse a Casillas.
Se lesionó Villa. Luis apostó por Cesc para suplirle. Se encontró entonces el seleccionador con el once que se presumía como titular un par de semanas antes de la Eurocopa y con ese 4-1-4-1 que tantos buenos resultados le había dado. Sentó bien al equipo la entrada de Cesc. Comenzó a mover el balón un poco más rápido y con un poco más de perpendicularidad hasta que llegó el descanso.
Y después también. Comenzaba a gustarse, a sentirse más cómoda la selección cuando, además, se encontró con el gol. Fue un centro, o un chut, o un centro chut en diagonal que cazó Xavi, que entraba al remate con decisión. ¡Goooool! Lo que necesitaba España para mostrarse en su máxima expresión. A partir de entonces y hasta el final España ofreció una auténtica exhibición futbolística. Extraordinario, sensacional. Apoteósico el segundo tiempo. Daba gusto ver triangular al equipo. Jugar al hueco. Buscar los espacios. Las ocasiones caían en cascada.
Luis repitió su doble cambio acostumbrado, pero esta vez junto con Güiza entró Xabi Alonso para colocarse al lado de Senna y fortalecer la posición de medio centro. Justo lo que necesitaba el equipo para terminar a lo grande. Con dos goles más y una sensación de equipo grande, de equipo finalista de la Eurocopa. Lo que es.
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